La reflexión que hice la tenía guardada desde hace tiempo y el estar escribiendo acá está motivado por el período de cambios que he tenido últimamente. Cambios para mejor. Ha sido bonito y verdaderamente me ha hecho feliz. No... feliz no, me ha hecho estar contento, porque feliz es un estado pasajero, pero el estar contento implica una tranquilidad, una satisfacción, una paz, tan grandes, que no alcanzo a entenderlo 100% todavía.
Estos cambios son responsabilidad, mayormente, de una persona. Esa persona eres tú, Feña.
Y quería hablarte de tí.
Fernanda, eres una persona maravillosa. Eres humilde, apasionada, divertida y alegre. Amable, sincera, discreta pero empoderada. Podría describirte con adjetivos todo el día, pero de lo que quiero hablarte es de lo que quiero para ti.
Para tí quiero, sobre todo que seas feliz, tan feliz cómo llegabas* a hacerme a mi. Y lo quiero porque, por lo vivido, no pareces tan feliz. Quiero también que tengas paz y armonía, porque la mereces, porque se la das a otros con tanta facilidad, pero a veces te cuesta un poco tenerla tú. Quiero que valores lo que eres, porque entre tanta broma autocrítica dejas ver (igual como me hiciste ver a mi de lo mío) que no te crees el cuento. Quiero también que no guardes tus sentimientos, porque como ya te dije, hace muy mal, y no ayuda a la paz y armonía que quiero para ti. Quiero que cuando estés en desacuerdo con algo que dije o hice me lo digas, porque no quiero ser causa de desagrado en ti; tambíen lo mismo para con otras personas, de manera que ellas tampoco sean fuente de problemas para ti.
En fin, espero que estas palabras de corazón te sienten bien, y que las recuerdes, porque así aunque físicamente no esté ahí, por lo menos me recordarás. Eres muy valiosa como para perderte.
"Dejaste helado el aire al pasar por mi rincón
pero no notaste los detalles,
ni la imperfección*
Fue sólo un viaje
que hizo un puente
para mi."
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