Tengo un amigo que se llama Milano que cuando era chico lo único que comía era fideos con hamburguesa y pan con lisa. Fue mi primer amigo del colegio y hasta el día de hoy nos juntamos a jugar jueguitos, principalmente Magic: the Gathering pero cuando chicos jugábamos al worms en el computador, al Killer Instinct en el súper nintendo, o al Bloody Roar en el play uno. Hoy en día Milano come más cosas como pizza con piña o porotos granados y tiene polola (ambas hazañas que creíamos imposibles), lo que me hace dar cuenta de que el ser humano sí es capaz de cambiar, evolucionar, progresar. Aún así, sigo viendo al mismo niño de cabellos rizados, piel morena y ojos negros saliendo de la piscina diciéndome que en el montículo de al lado de su casa habían enterrado a su perro Napo y que en el vagón abandonado de la entrada del pasaje vivía una niña fantasma. Somos sólo cabros chicos que comen otras cosas y tienen polola.
PD: Tal vez la reflexión está ultra añeja, pero sentirla en carne propia igual es lindo. Igual es bacán compartir la experiencia humana.