Es impresionante cómo diseñan el cigarrillo actualmente.
Lo hacen tan fácil, tan accesible, tan irresistible. Le ponen sabores, colores, formas y logotipos eficientes.
Los sabores y tinturas los ponen para que no sientas como quema y daña tu garganta al inhalarlo, ya sea en el papel, en el filtro o en el tabaco. Hacen que no te des cuenta de que te estás matando.
Las formas las hacen atractivas, para que puedas juguetear con el entre tus dedos, como una navaja mariposa. Tan letal como entretenida de malabarear y contemplar.
Los logotipos y símbolos que usan denotan a veces entretención, a veces seriedad y sofisticación. Qué más pateatraseros que unos Lucky rojos, o sofisticado y elegante como unos de esos cigarrillos aflautados y largos, de esos cuya colilla ves en el suelo con marcas de lápiz labial.
Los cigarrillos son cáncer. Los ceniceros, las bolsas para cuerpo. Las cajetillas, ataúdes. El celofán de alrededor el cóctel de funeral.
Cuando compras una cajetilla de cigarrillos, el vendedor no te dice nada. Tu subconsciente te lo dice todo. Tienes que estar muy enfermo, muy metido en el vicio como para no preguntarte "¿Por qué hago esto?". Generalmente yo me respondo "porque soy irresponsable y no encuentro otra salida a lo que no quiero pensar. Y matas la culpa con una calada.
Al abrir el paquete, como niño en navidad, tus ojos miran tus manos, nerviosas y falsamente alegres de que tu tranquilidad está en tus manos. La tienes ahí, y pagaste entre mil quinientos y tres mil quinientos pesos, dependiendo de la calidad y cantidad, por tenerla. La mereces, tú pagaste por ella, ¿No?
Ya ni siquiera miras las imágenes de advertencia. La panza de embarazada con humo, los pulmones corroidos, los dientes amarillos, la boca necrótica. Todo lo que te importa es abrir las bisagras de cartón, desdoblar el aluminio protector, sacar ese cilindro alargado de algodón y papel que contiene tabaco y agregados para incinerarlo respirando su humo, aroma, droga.
Está en tus manos, la caja que los contiene. Con códigos de barra, advertencias, indicaciones, contraindicaciones, revoluciones, contrarrevoluciones. Y no dejas de pensar en tu vida, en lo que está alrededor, los autos que pasan, las nubes en el cielo, el café de tu escritorio, el trabajo de tu escritorio, la televisión, tu velador, tu gato, tus hijos, la mujer que te dejó plantado, el maricón de tu jefe, el maricón de la esquina, la esquina donde doblaste, el auto en el que vas, donde tienes que llegar, ¿Dónde quieres llegar?
En serio, ¿dónde quieres llegar?
Una estadística dice que la gente que empieza a fumar con mentalidad de tener el deber de dejarlo luego, le es más fácil dejarlo. ¿Piensas tú al fumar que debes dejarlo en algún momento?
Hablaría más de la historia del tabaco, del cigarrillo, de la sociedad. Pero sinceramente, estoy escribiendo desde el celular y me es algo incómodo.
Mi mamá, y por extensión yo, usa una caja que contenía caramelos de violeta italianos como cenicero. Una caja de lata tan bonita que parece de dibujo animado o película antigua. Ahora está oxidada, sucia, corrompida por los años y el uso.
La mataron.
Esta caja, que en mis manos sostengo, la verdad, no simboliza nada, no significa nada. Podría compararla con un alma devastada, con un corazón roto y marchito, con los pulmones moribundos de un enfermo de cáncer. Pero la verdad, la miro y pienso "Es una simple lata coloreada con cenizas de cigarro. Sus dulces eran deliciosos." Adentro tiene una colilla de Lucky Click de naranja, mi colilla de Lucky Click de naranja, unos de mis cigarrillos preferidos, siendo que no me gusta mucho el cigarrillo. Prefiero el tabaco enrolado. Adentro tiene las cenizas de lo que fumé, adentro tiene óxido, restos de cenizas, restos de dulces. Lo puedes imaginar al leerlo, ¿cierto?
No siento nada, lo siento todo. Me plantaron y me fumé un cigarro. Es lo que harías, ¿Verdad?
Spiacente, compagnia Leone, fondata nel 1857. Ho fumato e non stavo attento della sua scatola di caramelle de violetta.
Los caramelos de violeta son al niño como los cigarrillos al angustioso.