Yo ponía la música clásica para mostrarte qué iba a tocar porque no me ibas a poder ver. Por eso lo hacía.
Si no queda claro, acá aplasto los bichos de mi cabeza contra el teclado grabando.
domingo, 30 de abril de 2017
Me voy a morir
Me voy a morir. Ya no sé qué hacer. Muerto estaría mejor, pero muerto muerto. No como me vas a matar. Encima te vas al sur. Estudiaba violín furiosamente porque tengo concierto en poco tiempo y no he sacado las piezas, me puedes perdonar? Me puedes perdonar? Perdóname. No me mates. No de nuevo. Te amo tanto. No sé qué pasa pero quiero arreglarlo. No sé. Matenme. Tengo pena.
viernes, 7 de abril de 2017
Si algo define cuán raro soy
martes, 4 de abril de 2017
El gigante de nube.
Cuando nos levantamos y nos da el sol en la cara, los gigantes de las nubes ya llevan levantados un buen rato. Es bastante obvio, el sol llega arriba de las nubes primero. Es por esto que, cuando los humanos aún no despertaban y solo estaban despiertos los madrugadores y los enamorados, el gigante de nube abría sus ojos de nube y se los restregaba con sus manos de nube. Se levantaba de su cama hecha de nubes y se ponía sus pantuflas de nube. A medida que el sol empezaba a darle en la cara a los humanos en sus camas de humanos, el gigante de nube ya empezaba a hacer sus tareas de nube. Soplaba céfiros y notos y levantes y tramontanas; tejía stratus, inflaba cumulus y colgaba cirrus. Abría agujeros de nube sobre las villas y ciudades para darle luz y calor a los humanos. Las tareas del gigante de nube eran varias e importantes.
Pero cuando terminó sus tareas este día, se encontró con algo que nunca antes había visto. Era una nube negra, que no parecía cómoda o suave o hecha de lo que estaba hecha su nube. Era una nube que no venía de algún lado en el cielo, venía de la tierra, se levantaba como cascada invertida y llenaba los cielos de un tinte oscuro, dificultando sus quehaceres de gigante de nube. El gigante se preguntaba qué podría haber hecho estas nubes. Pensaba en un fuego súbito, pero esas nubes venían de los bosques, duraban poco y no tenían malas intenciones. Se le imaginó también un volcán, pero no veía que salía de una montaña. Pensó y pensó pero no pudo encontrar respuesta. Ya entrada la hora de almuerzo, el gigante de nube paseó por las nubes hasta llegar a la laguna donde se alimentaba de rocíos, vapor, neblina, y a veces escarcha; y, al agacharse a sentir las gotitas en la cara se dió cuenta de el origen de tan extrañas nubes oscuras. Era una villa con casas extrañas de los humanos, tenía tuberías y cables y chimeneas muy grandes, de dónde salían estas columnas de humo. Al gigante de nube esto lo entristeció mucho, los humanos estaban plagando el cielo de cosas feas. Ese cielo que era de los dos, y de los pájaros y de los peces y de todas las criaturas en tierra se estaba contaminando. La noticia corrió por todo el cielo. Todos los gigantes de nube leían cartas y periódicos de nube que contaban de lo que hacían los humanos. Bombas, fuegos, químicos. Y poco a poco a los gigantes les entró pena y lloraron y gritaron y se enojaron. Soplaron más fuerte, regaron lluvia más fuerte, hacían agujeros de nube más grandes y que duraban más. Y los humanos en la tierra se preguntaron "¿Qué pasa con el clima que anda tan raro?"
Un día, levantado triste el gigante de nube, y hechas unas pocas de sus tareas de gigante de nube, se acercó a la laguna a almorzar y se percató de algo: a algunos humanos no les gustaba que llenaran el cielo que era de todos con cosas malas. Rápidamente y a trancones, el gigante de nube corrió a mandarle una carta de nube a los demás gigantes de nube para avisarles que los humanos no eran tan malos, que algunos de ellos no querían hacerle daño al cielo. Y los gigantes de nube se enteraron y soplaron menos fuerte y regaron lluvia menos fuerte e hicieron agujeros de nube que duraron menos. Pero seguían con pena por lo que seguían haciendo los humanos.
Tratemos mejor a los gigantes de nube.