Todo quedó en silencio. A las cajas de música se les acabó la cuerda. La nieve dejó de caer en cada una de las bolas de cristal. Las luces del árbol se apagaron. El CD con villancicos se rayó y el minicomponente se cansó de intentar reproducirlo.
"N- No te gustó? Ja... Jajaja" —comenzó a reír mi tío— "qué buena talla sobrino 'nO mE gUsTó' jajajaja"
Pero no reí. En realidad no me gustó su regalo.
"No tío, gracias. Pero no me gustó. No me gustó el de mi mamá tampoco, ni el de mi papá. El de mi hermana me gustó un poco, pero ella me conoce más."
Y es que en realidad quizá es más fácil decir que sí y después dejarlo tirado, no ser "mal agradecido". Y quizá es terrible cringe lo que estoy haciendo, ahora todos van a estar incómodos.
"No seas maleducado hijo, da las gracias y quédate callado." — intervino la doctora en modales de mi madre.
"Uuuuy ¿y a este niñito qué le pasó? ¿Está enojado mijito?" — trató de arreglar mi tía abuela. Siempre se pone de mi lado.
Silencio de nuevo. A mi papá le corría la gota, no sabía dónde meterse. Sonó el reloj marcando las cuatro; una hora desde que empezamos a abrir los regalos.
"Bueno eeeehh..." — comenzó mi prima — "Mi amigo secreto tiene-"
"Pero hijita déjelo hablar, tiene el regalo en las manos todavía"
Miré la bolsa de kit-kat que tenía en las manos. Sonreí con dolor, alcé la vista al reloj con las cuatro menos cinco, y volvió a sonar una voz aflautada cantando el burrito sabanero.
"Y, ¿te gustó?"
"Sí tío, se pasó, muchas gracias."
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